[Trasplante] Hiromitsu Nakauchi , lo que buscamos no son monstruos, sino órganos para el trasplante.

alex.marmol en infomed.sld.cu alex.marmol en infomed.sld.cu
Sab Sep 30 13:31:40 CDT 2017


Hiromitsu Nakauchi , lo que buscamos no son monstruos, sino órganos para el
trasplante.

Tras la quimera que puede revolucionar el trasplante

Hiromitsu Nakauchi, profesor en la Universidad Stanford, ha participado en
un seminario en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares
Carlos III (CNIC)

https://www.cnic.es/

en Madrid, donde ha desgranado sus investigaciones sobre el uso de animales
quiméricos como receptores para el cultivo de órganos humanos.

El científico japonés Hiromitsu Nakauchi ve con optimismo un futuro en el
que los órganos para el trasplante se obtendrán con facilidad de granjas de
animales. Persiguiendo esas quimeras -individuos que alberguen tejidos
funcionales de otra especie- dejó hace cuatro años la Universidad de Tokio,
donde había iniciado sus investigaciones con roedores, para trasladarse a la
Universidad Stanford, en Estados Unidos. A diferencia del país nipón, en
California no existía una regulación nacional que impidiera dar el siguiente
paso: emplear células humanas. Nakauchi ha estado en Madrid para participar
en el ciclo de seminarios que organiza el Centro Nacional de Investigaciones
Cardiovasculares Carlos III (CNIC), donde ha disertado sobre este campo de
la medicina regenerativa.

“Cuando empezamos con este proyecto hace una década, nadie, incluido yo
mismo, pensaba que funcionaría, ni siquiera con los roedores. En los últimos
años hemos conseguido generar una rata con páncreas de ratón, lo que yo creo
que ya es bastante asombroso. Es una prueba de concepto en roedores y ahora
estamos trabajando en cerdos apancreáticos que en un futuro puedan albergar
un páncreas humano”, comenta a DM.

A principios de este año, el grupo de Nakauchi en la Facultad de Medicina de
Stanford, y en colaboración con la Universidad de Tokio, publicó en Nature

http://www.nature.com/nature/journal/v542/n7640/full/nature21070.html?foxtro
tcallback=true

el camino inverso del experimento que habían realizado siete años atrás, y
que consistió en generar un ratón con páncreas de rata. En el nuevo
experimento, modificaron genéticamente a embriones de rata para que
carecieran del gen Pdx1, un regulador clave en el desarrollo del páncreas.
Durante los primeros días de vida de esos embriones, injertaron células
madre pluripotentes de ratón (tanto inducidas o iPS como embrionarias). El
resultado fueron ratas cuyos tejidos y órganos mantenían líneas celulares de
ambos organismos, salvo en el caso del páncreas. Este órgano se componía
casi en su totalidad por células de ratón.

Revertir la diabetes

Todas esas florituras quiméricas se hacían con un objetivo: si bien en el
primer experimento el páncreas de rata cultivado en ratón no pudo
aprovecharse al ser demasiado pequeño para un organismo de mayor tamaño, en
este último trabajo los islotes pancreáticos que crecieron en las ratas sí
se injertaron en un modelo de ratón de la diabetes tipo 1. Al recibir el
trasplante, los roedores vieron cómo se regulaban sus niveles de glucemia, y
apenas necesitaron inmunosupresión durante los primeros días posteriores al
procedimiento.

Ahora, Nakauchi continúa con esos experimentos estudiando en el modelo
murino “la organogénesis dirigida, para poder obtener los tejidos que nos
interesen sin comprometer a otros, en especial por razones éticas, el
cerebral o el reproductivo. En modelos animales más grandes estamos
trabajando en la combinación celular de interespecies, con células madre de
primates no humanos y células de pluripotencialidad inducida (iPS) humanas,
que introducimos en embriones de ovejas y de cerdos”. Estos experimentos se
llevan a cabo en Estados Unidos, en colaboración con la Universidad de
California en Davis, y en la Universidad de Tokio.

Para Nakauchi la mejor incubadora de órganos, si finalmente se consigue,
serían los cerdos, porque sus camadas son mayores, “aunque si vemos que
funcionan mejor las ovejas, eso sería lo de menos”, reconoce.

Junto al grupo de Nakauchi otros científicos también investigan en este
campo, “cada vez más creciente”, e indagan en la generación de riñón,
pulmón, córnea y vasos sanguíneos. ¿Y el corazón? “Bueno, en principio
parece un órgano simple, pero aún no conocemos bien los genes que
intervienen en su desarrollo en la fase embrionaria y eso complica el
proceso”. Algo que no ocurre con el páncreas: “Hace años tomamos la decisión
de investigar en este órgano, porque sabemos que con el gen PDX1 podemos
dirigir su desarrollo. Además, no es preciso trasplantarlo todo, bastan
algunas de sus células”.

Nakauchi apunta algunos de los principales obstáculos que aún separan estas
quimeras murinas de esas otras que almacenarían órganos para el trasplante
humano. “Por un lado, está la distancia genómica entre especies. Esa
distancia también existe entre ratas y ratones, y, por supuesto, es mucho
mayor entre ovejas y hombres, pero, sin entrar en detalles, creo que lo
superaremos. Además, está la diferencia en los tiempos de desarrollo.
Creemos que si la quimera se restringe a uno o dos órganos, en principio no
tendrá problemas para sobrevivir, pero son cuestiones que aún debemos
resolver. Es verdad que ahora parecen grandes obstáculos, pero visto lo que
hemos avanzado, me siento bastante optimista. A mí me parece más difícil
conseguir un órgano funcional en una placa de Petri”, dice aludiendo a los
denominados organoides; “por algo los llaman así”, bromea.

Otra barrera, no científica, es la reticencia al concepto de dotar a un
animal de materia genética humana. De hecho, en Estados Unidos aún está
vigente la moratoria por la que no se destinan fondos públicos federales a
este tipo de experimentos cuando se emplean células humanas. Y en Japón,
directamente está prohibido, aunque el científico confía en que pronto
cambiará esa situación. “Llevo seis años luchando por ello; es un proceso
muy lento”, se lamenta el también miembro del Instituto de Biología de
Células Madre y Medicina Regenerativa del Instituto de Stanford.

“La gente piensa que las quimeras son monstruos. En realidad, la
contribución de células humanas en los cerdos quiméricos es aún pequeña,
incluso menor de la que desearíamos”, apunta Nakauchi. Precisamente, esa
baja contribución de las células humanas al embrión animal y por tanto al
órgano que se quiere cultivar es uno de los problemas que deben solventarse
en estos experimentos. “Tenemos diferentes formas para dirigirnos a un
órgano concreto y evitar así las quimeras sistémicas. La manipulación
genética no se hace en la línea germinal, no es algo que se pueda transmitir
a otras generaciones… Creo que al final la gente acabará entendiendo que lo
que buscamos no son monstruos, sino órganos para el trasplante. Muchas
personas mueren cada año esperando uno”.

Inmunoterapia y plaquetas

Nakauchi se formó como médico especialista en inmunología en la Universidad
de Yokohama, y aunque su carrera ha discurrido sobre todo por la
investigación, trasluce una impronta clínica. Así, se muestra emocionado con
dos ensayos clínicos que ya ve cercanos y con los que explota también el
potencial de las células iPS.

“Hemos desarrollado linfocitos T a partir de células iPS, los llamamos
células T-iPS. Una de las razones por las que la inmunoterapia celular
adoptiva no ha sido más eficaz es que con el tiempo los linfocitos T pierden
su capacidad activa. Aunque se expandan en número, no son lo bastante
eficaces. Por eso, nuestra idea es, en lugar de hacer crecer en el
laboratorio directamente a los linfocitos T, reprogramarlos a un estado de
pluripotencialidad para luego diferenciarlos. Hemos visto que rejuvenecen,
como revelan ciertos marcadores, por ejemplo, los telómeros. Espero poder
iniciar en dos o tres años un ensayo con estas células T-iPS”.

Más cerca de culminar en estudio clínico está otra idea en la que también
lleva profundizando una década. “Partimos de la posibilidad de obtener una
línea universal de plaquetas. Escogimos las plaquetas porque son las células
sanguíneas más difíciles de conservar, apenas se pueden mantener unos tres o
cuatro días. Indagamos en las células madre pluripotentes como fuente de
células sanguíneas y finalmente, desarrollamos un sistema para obtener
plaquetas derivadas de las células iPS”.

En principio, se dirigen a pacientes con defectos congénitos de la función
plaquetaria y que precisan transfusiones constantes. Pero otro objetivo son
las enfermedades hematopoyéticas, como el síndrome mielodisplásico.
“Planeamos un ensayo en Boston y en Kioto, que empezará el próximo año con
plaquetas obtenidas de iPS”. Todas estas investigaciones dibujan un futuro
en el que quizá la donación de sangre y de órganos sea muy diferente a la
que conocemos.

septiembre 28/2017 (diariomedico.com)

http://www.diariomedico.com/la-noticia-del-dia

 

 

 

 



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